Durante la última década, EPM ha reafirmado su compromiso con la sostenibilidad mediante la inversión de recursos y la ejecución de convenios estratégicos con la Corporación Arví. Esta alianza ha permitido consolidar procesos sostenidos de gestión ambiental, social y cultural en territorios clave para la biodiversidad y la memoria histórica de la región.
Una de las zonas con mayor relevancia en este proceso ha sido Santa Elena, un territorio estratégico para la protección del recurso hídrico que abastece al Valle de Aburrá. Las intervenciones de EPM se han centrado en la recuperación de las cuencas de las quebradas La Honda, Piedras Blancas y Santa Elena, fundamentales para el sistema de acueducto.
En términos de cifras, el impacto ambiental es contundente: se han restaurado más de 40 hectáreas de bosque, se ha realizado el mantenimiento de 240 hectáreas adicionales y se han sembrado y cuidado más de 270.000 árboles. Además, se destaca el rescate de más de 23.000 epífitas, lo que fortalece la regeneración natural bajo una visión ecosistémica integral del territorio.

Fortalecimiento del tejido social y cultural
Para EPM, la gestión técnica va de la mano del fortalecimiento social. María del Pilar Restrepo Mesa, jefe del Área Ambiental y Social de Acueducto y Alcantarillado de EPM, resalta que el trabajo articulado ha permitido potenciar la riqueza hídrica mientras se fortalece el tejido social estructurado durante años.
Entre los logros más significativos se encuentra la consolidación de la confianza y el reconocimiento de las comunidades. Iniciativas como Hogares Sostenibles y programas pedagógicos en instituciones educativas han fomentado una cultura de corresponsabilidad y apropiación del patrimonio natural. Asimismo, el componente arqueológico ha permitido que los habitantes reconozcan su historia como parte de su vida cotidiana, fortaleciendo la identidad local.

Un compromiso con el futuro
La percepción de la comunidad ha dado un giro total. Habitantes como Margarita María Molano señalan que el bosque ha dejado de ser un simple paisaje para ser comprendido como un «ser vivo que sostiene la vida».
De cara al futuro, EPM y sus aliados proyectan profundizar la restauración ecológica y ampliar la participación de las nuevas generaciones. El reto continúa: asegurar que estos territorios sigan siendo guardianes del agua y la biodiversidad, garantizando beneficios ambientales y sociales a largo plazo para toda la ciudad.











