En la vereda La Peña, del municipio de Guatapé, Luis Felipe Duque y su familia llevan dos años y medio apostándole a los hidropónicos, una técnica que permite cultivar plantas comestibles u ornamentales, sin uso de químicos y utilizando principalmente nutrientes orgánicos y agua reciclada como mayor fuente de riego. La versatilidad de este método, permite el uso de espacios como terrazas, jardines o incluso suelos inhóspitos para la vida vegetal, asegurando así protección del medioambiente sin poner en riesgo las necesidades del día a día y sin comprometer el bienestar de las generaciones futuras.
Las bondades de la hidroponía, como el control de plagas y enfermedades, suponen una alternativa frente a las prácticas tradicionales como la expansión de la frontera agrícola a través de la conversión del suelo, la cual, degrada los ecosistemas, provoca pérdida de biodiversidad (flora y fauna) desertificación, contaminación de aguas o emisiones de gases efecto invernadero, entre otras consecuencias que amenazan la conservación del medioambiente y desafían a las sociedades.
Y es ahí, en la hidroponía donde nació, hace dos años y medio, el sueño de Luis Felipe y su padre, mientras buscaban alternativas para hacer su finca autosostenible y productiva, bajo una premisa fundamental: el cuidado de los ecosistemas. Sin experiencia previa en labores del campo, tenían clara su apuesta por el cuidado del planeta.

Fue así, entonces, como Luis Felipe y su familia iniciaron en el cultivo de mixtura de lechugas hidropónicas combinado con la cría de peces para la venta y el autoabastecimiento.
Esta práctica que en un comienzo parecía una aventura imposible, hoy es un emprendimiento viable que evidencia el potencial de expansión y lo multifacético del campo, así como su capacidad para patentar sueños y transformar realidades.
De esta manera, sus cultivos sostenibles se han convertido en sustento económico y espacio de conexión y crecimiento para la familia Duque. “Este proyecto me ha unido bastante con mi hijo. Nuestra oficina es esta finca, y eso nos permite crecer, aprender y compartir más cada día”, expresa Luis Felipe.
La vocación por lo ambiental, y una genuina preocupación por el futuro, fueron factores determinantes para impulsar el emprendimiento sostenible de los Duque, pues gracias a esta iniciativa diversificaron su producción agrícola, aventajándose en métodos tradicionales de cultivo, que no requieren químicos, utilizan fertilizantes orgánicos y donde el agua lluvia es su principal materia prima.

De esta forma garantizan, también, el cuidado del recurso hídrico “regresándole el equilibrio a la tierra”, como lo aclara este agricultor guatapense, quien además agrega: “Nosotros tenemos un tanque con, aproximadamente, 700 peces; les damos comida 3 veces al día y con su excremento hacemos un proceso biológico para nutrir el agua, la cual nos sirve a su vez para regar el suelo”, explica Luis Felipe.
De esta manera, las raíces absorben todos los nutrientes. El agua sobrante pasa por un proceso de purificación para regresar al estanque, ahorrando aproximadamente el 90% del agua.
Para apoyar este tipo de iniciativas con vocación agrícola alternativa y sostenible, EPM se ha vinculado con el programa Alianzas para el Desarrollo, con la intención de contribuir al crecimiento de proyectos amigables con el medioambiente, cumpliendo así con los objetivos de la entidad de promover dinámicas productivas que favorezcan un aprovechamiento responsable, equilibrado, seguro y sustentable de los ecosistemas.
“Los convenios con entidades nos han ayudado mucho, no solo en términos de infraestructura y conocimientos técnicos, sino también en el fortalecimiento de cada área de nuestro proyecto, porque no es lo mismo hacerlo solo; cuando hay apoyo de personas que tienen la misma pasión que uno, uno puede ahorrarse muchos errores”, menciona Luis Felipe.

La visión de Luis y su padre está en el futuro. Saben que su experiencia puede ser inspiradora para más familias campesinas y un referente en términos de prácticas agrícolas amigables con el medioambiente en el Oriente antioqueño, frente a los tradicionales métodos de cultivo insostenibles, gracias a su compromiso con el cuidado del ecosistema y la optimización de los recursos naturales.
Actualmente, sus productos son comercializados en hoteles y restaurantes de los municipios de Guatapé y El Peñol, pero se proyectan a más lugares de Antioquia, donde sus hortalizas sean el factor diferencial y carta de presentación de su emprendimiento.
En este proceso, la presencia de EPM es fundamental. Con tres nuevos convenios para los emprendedores del noroeste, el oriente antioqueño y la Fundación Prodepaz, la Empresa desempeña un rol fundamental de coequipera de los campesinos de la región, brindándoles las herramientas necesarias para refinar la calidad de sus productos y ser competitivos en el mercado.
Esta colaboración se traduce en un impulso decisivo para los emprendimientos rurales que necesitan el apoyo necesario para crecer desde una siembra y producción responsables.

Por tal motivo, EPM ha puesto a disposición de los municipios de la zona de influencia de las centrales de generación de energía de la Empresa, en sus diferentes líneas de gestión, sus oficinas de Comunicaciones con toda la información necesaria para que los interesados puedan participar de estos convenios.
En un país, históricamente, en deuda con el agro, iniciativas como la de Luis Felipe y su familia demuestran que el gran potencial de nuestros labriegos está en su capacidad para adaptarse, innovar y crear. En sus anhelos no existen los límites, pues las ideas van y vienen en destellos fugaces que toman forma, justamente, cuando se cuenta con hacedores de sueños y se suman voluntades, haciendo de la agricultura una labor de vanguardia y un brazo jalonador del progreso y el desarrollo en Colombia.








