El Corregimiento de Santa Elena (territorio cultural integrado por veredas en tres municipios y un distrito: Medellín, Envigado, Rionegro y Guarne) es complejo. Como una especie de ‘joya de la corona’, la ‘cereza del pastel’, ‘muchos quieren con Santa Elena’ y todos miran nuestro territorio con ganas de usufructuarse de sus bondades, de sus tesoros, de su gente y de todo lo hermoso que tiene Santa Elena y por lo que es atractiva ante el mundo. Eso también ha hecho, desde hace unos 20 años, que Santa Elena sea el lugar preferido para la llegada masiva de personas, unas con buenas intenciones, otras no tanto, pero además de problemáticas generadas por la sobrepoblación y la urbanización desbordada y desordenada, con la que las autoridades que controlan se ven a gatas todo el tiempo para hacer seguimiento y poder frenar para que el territorio no se deteriore más.

Tienen que dar ejemplo
Quienes por cualquier circunstancia alcanzan posiciones de liderazgo en Santa Elena, sea por voto popular (tienen mucha más responsabilidad aún) o por designación en un cargo, tienen un compromiso enorme con ese lugar al que deben devolverle lealtad y e integridad en sus acciones. Primero, por ser personas públicas, deberían dar ejemplo con sus acciones. Segundo, entender que tienen una posición de privilegio para ayudar a cambiar la historia de un territorio muy golpeado, tal vez no por la violencia pero sí por las decisiones gubernamentales y por la corrupción también. Hemos tenido esfuerzos recientes importantes, como los de la ex corregidora Eliana Katherine Gómez Mejía, quien a pesar del inmenso volumen que representa la gestión de Santa Elena, el corregimiento más grande de Medellín, dejó en cuatro años una bandera alta y unos estándares de relacionamiento con la comunidad (representada en personas, organizaciones, grupos y redes) que no se habían visto antes. Ella intentó articular los procesos, empoderar a diferentes actores en cada una de sus líneas de trabajo, mantener una interlocución permanente con todos quienes fue posible, articular a las autoridades de los tres municipios y el distrito para la resolución de diferentes temas (lo que en parte logró), además de apoyar con autoridad y decisión a la Administración Distrital en el control y seguimiento a las construcciones informales que impactan negativamente el territorio, entre otros muchos temas.

Para mejorar, no para empeorar
Pero como los funcionarios no son eternos en los cargos, pasan y llegan otros. De igual forma para la Junta Administradora Local, que renovó cinco de siete miembros (uno renunció pero ya fue reemplazado) como resultado de la elección popular realizada en octubre de 2023.
Y ahí, al llegar en 2024, tanto JAL como corregidor, debieron activarse algunos sentidos importantes. El principal, escuchar a la comunidad.
Cada vez que alguien llega a una instancia de trabajo en el territorio no debe llegar padeciendo ‘el síndrome de Adán’ (es decir pensar que su llegada genera un antes y un después y hay que empezar todos los procesos de cero). Esto aplica para funcionarios, enlaces territoriales de la Administración, gerentes, ediles, directores, corregidores, para todos. Santa Elena es un territorio que se ha reinventado muchas veces en el tiempo, no hay historias ni procesos concluidos y muchos de ellos avanzados, con resultados, con luchas, con conquistas obtenidas y aún con dinámicas por resolver pero con mucha historia de varios años o décadas, labrada a pulso. Quienes llegan, vengan de donde vengan, deben reconocer lo que hay, lo que se ha hecho, el historial social y los logros de una comunidad que camina en busca de mejores condiciones para la gente y que le ha apostado mucho a ciertos procesos, como para que lleguen líderes, personas o dirigentes creyendo que van a ‘inventar el agua tibia’ o lleguen a improvisar. Respeto se llama. Y seguramente, si el respeto fuera el mandato, los nuevos procesos fluirían mejor.
Tampoco es posible que haya o lleguen supuestos líderes a aprovecharse de las vulnerabilidades del corregimiento para ver cómo pueden sacar provecho económico personal, faltaba más. Eso contradice uno de los principios de la Administración Pública, la transparencia y por fortuna puede ser denunciada y penalizada.

Una gran responsabilidad con Santa Elena
Y todo lo anterior, para recordar la inmensa responsabilidad que hoy tiene la Junta Administradora Local de Santa Elena, nuevamente, con la escogencia de terna para la elección de corregidor (a), a propósito de la declaración de insubsistencia del anterior corregidor por parte del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, el pasado 21 de febrero.
Sería buena idea que, antes de incluir candidatos en esa terna, se tomaran el tiempo de revisar antecedentes de Procuraduría, Contraloría, REDAM (deudas por demandas de alimentos), procesos abiertos en Fiscalía o cualquier cuestionamiento posible y no sólo el nexo político del posible candidato. Cualquier anotación de ilegalidad debería ser condición fundamental para NO SER TERNADO.
Aquí también, conociendo a muchos profesionales del territorio, graduados en Derecho, que es la profesión requerida para ocupar el cargo de corregidor (a), que lo piensen y que se postulen para el cargo más importante en nuestra amada Santa Elena. Desde Viviendo Santa Elena estamos seguros de que de las entrañas de Santa Elena podría salir el (la) nuevo (a) corregidor (a) de Santa Elena, con conocimiento de la zona, pero además con amor y sentido de apropiación, también con el conocimiento de las personas, las dinámicas, los grupos y los procesos y con compromiso de trabajar con integridad, ética y en la legalidad.
Esperamos que este sea un proceso armonioso, ajustado a las necesidades del territorio y que cuando sea elegido el o la nueva funcionaria haya más motivos para alegrarnos y sumarnos a apoyarle en el reto de gestionar el territorio que para preocuparnos.







